domingo, 12 de noviembre de 2017

Reino de Dios (3a Parte)

¿Dónde está el reino de Dios?
            Nos encontramos ahora con este interrogante sobre la ubicación del reino de Dios, para responderlo se debe recordar que en la historia de la humanidad un estado o reino para ser instituido requiere de pueblo, leyes (gobierno) y territorio, pero el reino de Dios carece de territorio, aunque posee súbditos, aquellos que atienden el llamado al arrepentimiento, gobierno, ya que Jesús mismo es el rey, entonces surge el interrogante dónde está establecido este reino.
Cabe notar que no existe ningún pasaje en las Escrituras que nos hable de una ubicación geográfica del reino, como sucede con los reinos terrenales. Este reino es diferente en su definición, en su inicio, en su culminación, pero de igual forma lo es en su ubicación espacial. Recordamos que en la sección anterior se habló de la expectativa por parte de los judíos de un reino terrenal, pero en definitiva el reino instaurado por Dios es de otra naturaleza, es espiritual y eterno. ¡Pero qué reino más peculiar fue aquel del Nazareno, quien no tenía donde reclinar la cabeza![1]
En los pasajes donde se encuentra la oración del Padre nuestro: Lucas 11:2 y Mateo 6:10, cuando el Señor le enseña a sus discípulos a orar, les dice “venga tu reino”, él está afirmando que el reino de Dios no está aún aquí, por eso hay que rogarle al padre para que lo traiga. Por el contexto de estos pasajes se puede determinar que el reino de los cielos se va estableciendo en el corazón de los nuevos creyentes, de los nuevos súbditos del reino, los que atienden el llamado de Jesús a nacer de nuevo, Hendriksen lo expone de la siguiente manera: “Esta es una oración. En la historia de las misiones se ha demostrado repetidas veces que la venida o entrada del reino de Dios en los corazones humanos requiere oración ferviente (Mt. 7:7; Mr. 9:29; Hch. 4:31; 13:3)”[2]
            Pero el reino de Dios tal como se instauró en la encarnación del Hijo de Dios, y se fue haciendo evidente con el desarrollo de su misión nos indica que el reino de Dios se establece dónde está Dios mismo, en últimas es el establecimiento de su gobierno. Es en la persona misma de Jesús que podemos ver establecido el reino, tal como lo indica Trenchard:
Jesús… añade: «Y si por el Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el Reino de Dios» (Mt. 12:22–28). La manifestación de su poder sobre el reino satánico era evidencia clara del triunfo del Reino de Dios en su persona.[3]

            Esta idea se puede complementar con Lucas 17:20-21 “Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles, ni dirán: “¡Mirad, aquí está!” o: “¡Allí está!” Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está.” (LBLA), aquí los fariseos tienen un concepto errado del reino pensando que se establecería aquí en la tierra, según las expectativas que manejaban, pero Jesús les responde de manera que los sorprende manifestándoles que está aquí entre ellos, no menciona un lugar concreto, ni siquiera dice que está en ellos sino entre ellos, al respecto  Hendriksen manifiesta lo siguiente:
Jesús declara que el reino—o, aquí es preferible decir reinado, gobierno—de Dios es básicamente espiritual en su esencia. Es de adentro, o si uno prefiere, está dentro de una persona. Dondequiera que Dios es reconocido en verdad y honrado como Rey, allí uno encuentra su reino o reinado[4]

            Es necesario ante esta perspectiva buscar el reino de Dios como una condición necesaria de ser súbdito del mismo, así lo proclaman Mateo y Lucas. Ese buscar implica arrepentimiento y sometimiento a las leyes y el gobierno del reino de Dios para ser partícipes del mismo y recibir las bendiciones que de él emanan. Hacer esto es entender que el reino lo podemos encontrar en la medida que nos acerquemos a Cristo y creamos que él está con nosotros por medio del paracletos. Las personas que viven en reinos terrenales se preocupan por vivir bajo las normas de los mismos, buscando las cosas terrenas, pero los súbditos, los que han logrado entender dónde está el reino de los cielos se preocupan por buscarlo para disfrutar de sus maravillas, tal como Jesús se lo manifestó a Nicodemo, es necesario nacer de nuevo, en palabras de Packer, Tenney y White Jr  “Nicodemo,… Acudió a Él una noche, y le preguntó cómo podía entrar en el reino de Dios, que es el reino de la redención y de la salvación. Jesús le dijo a Nicodemo que tendría que “nacer de nuevo” (Juan 3:3); en otras palabras, tenía que llegar a ser una nueva persona”[5] es decir que Cristo estuviera en su corazón.
            Pero como el reino de Dios tiene una naturaleza futura, también el reino está en la eternidad, de donde llegará a establecerse plenamente cuando Cristo venga por segunda vez. Trenchard lo dice de la siguiente manera: “Evidentemente el propósito de Mateo era el de convencer a sus compatriotas de que el Mesías había venido, y que había establecido su Reino «en misterio», con la promesa de volver para hacerlo visible en la consumación del siglo”[6]
                Es un reino que no es visible tal como lo dice Lucas en 17:20 “El reino de Dios no viene con señales visibles” por lo tanto es incomprensible para el hombre alejado de Dios, solo los que han procedido al arrepentimiento lograrán entrar en este reino que se establecerá eternamente bajo el señorío de Cristo, tal como lo expresa Trenchard: “…hasta que se manifieste delante de los ojos deslumbrados de la raza, mayormente rebelde, que no sabe comprender el concepto de «reino» más que en términos de sus accidentes externos y superficiales.”[7]
            Finalmente como se mencionó anteriormente el reino de Dios está donde está Dios mismo.



[1] Ernesto Trenchard, Introducción a Los Cuatro Evangelios: Tratado general sobre los cuatro evangelios que analiza la vida, pasión y muerte de Jesucristo (Grand Rapids, MI: Editorial Portavoz, 1999), 251
[2] William Hendriksen. Comentarios al Nuevo testamento: El Evangelio según san Mateo. Trad. por Humberto Casanova. (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2007), 346
[3] Ernesto Trenchard, Introducción a Los Cuatro Evangelios, 130
[4] William Hendriksen. Comentarios al Nuevo testamento: El Evangelio según san Lucas. Trad. por Pedro Vega. (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2002), Versión PDF, 557
[5] James I. Packer, Merrill C. Tenney, and William White Jr, eds., El Mundo Del Nuevo Testamento (Miami, FL: Editorial Vida, 1985). Páginas 4-105 Exportado de Logos Bible Software, 12:30 PM July 02, 2016
[6] Ernesto Trenchard, Introducción a Los Cuatro Evangelios, 41
[7] Ernesto Trenchard, Introducción a Los Cuatro Evangelios, 251

jueves, 9 de noviembre de 2017

Reino de Dios (2a Parte)

¿Cuándo se inició el reino de Dios y cuándo llegará a su culminación?
Responder este interrogante no es fácil, por la tensión mencionada anteriormente del “ya pero todavía no”. Sin embargo debemos responderla desde la misma concepción que el reino está presente pero se consumará en el futuro.
Pero antes de poder responder esta cuestión se requiere echar un vistazo a las profecías acerca del reino y a las expectativas que se tenían del mismo en el Antiguo Testamento, para así poder contextualizar el inicio del reino de Dios. En el primer libro de Samuel 8:4-5 los ancianos se acercan a Samuel y le piden que instituya un rey, para ser como las demás naciones. En ese sentido el pueblo de Israel empieza a generar la idea de un reino terrenal, con gobierno y parámetros humanos. En el reinado de David se establece la construcción del templo, ante esto Cassese nos dice: “El proyecto de un templo para Dios fue sin duda una maniobra de la avidez del liderazgo de David, que buscaba centralizar en Jerusalén no sólo la plataforma político-militar, sino también la religiosa.”[1] A partir de la monarquía establecida desde el Saúl, pero fortalecida fuertemente en la persona de David, es que el pueblo de Israel va seguir pensando en términos de un reino terrenal.  Cuando los profetas anuncian la venida de un Mesías el cuál va establecer un nuevo reinado, ellos van a seguir teniendo la misma idea, por eso nos encontramos con la pregunta de los apóstoles en Hechos 1:6, sobre si ya es tiempo de restaurar el reino a Israel.
Todo lo anterior sumado al hecho que durante siglos los israelitas vieron surgir varios imperios (Babilónico, medo persa, griego y romano) que los habían azotado de una u otra manera, los llevaba a pensar en que las profecías apuntaban al establecimiento de un reinado político militar fuerte que los librara de dicha opresión. Estos imperios fueron anunciados por el Profeta Daniel (2:31:43), pero al final de los mismos según la profecía se levantaría un reino por parte del Dios del cielo que no será destruido jamás y permanecerá para siempre. (2:44)
Ante estos acontecimientos y profecías mencionados en el Antiguo Testamento se puede afirmar que en la persona de Cristo se cumplen no solo la profecía de Daniel sino la de los otros profetas. El reino de Dios se inicia con la encarnación misma del Hijo de Dios. Mateo por ejemplo lo presenta como Emanuel “Dios con nosotros”, haciendo referencia al cumplimiento de la profecía de Isaías 7:14, es decir ya la presencia del rey está en medio de la humanidad. Trenchard hace notar este aspecto al decir: “Si el «Reino de Dios se ha acercado» ([Mateo] 4:17) es porque el Rey ha venido.”[2]  Pero el reino se hace evidente ante los demás a partir del inicio del ministerio de Jesús. El mensaje traído por el mesías va chocar con ese concepto que se tenía de reino por parte de los israelitas. El reino de Dios es perfecto, santo y completo, diferente a lo que estaba establecido por los hombres.
Según palabras de Cassese “El templo era sin duda ante los ojos de Jesús un verdadero signo de la forma exacerbada en que la humanidad estaba fragmentada. En él operaban y se justificaban toda clase de práctica deshumanizadora” [3]  y es que el Templo era el centro del poder establecido en el tiempo que vino Jesús. Por eso Cassese afirma que ante ese signo de deshumanización que era el Templo aparece el reino de Dios como signo diametralmente opuesto.[4]
Retomando aquí lo mencionado en la primera parte que el reino de Dios es el “gobierno de Dios”, entonces el Hijo como representante del Padre está dando inicio al reino, con un mensaje diferente al esperado por los israelitas. En Marcos 1:15 el anuncio sobre el arrepentimiento se podría tomar como la inauguración oficial de este reino, que según Daniel no será destruido jamás, sino que permanecerá para siempre. En Palabras de  Aguirre y Rodríguez se puede ver de la siguiente manera: “Ya se ha cumplido el tiempo de espera, ya ha llegado el tiempo de salvación dispuesto por Dios ya comienza la irrupción del Reino. Ante esta nueva situación histórico-salvífica, los hombres han de responder con la conversión y la fe”[5] Entonces el reino:
Comienza en este mundo, convertido por la irrupción del Reino de Dios en kairos… o tiempo de salvación, pero lo trasciende y se consuma en el mundo de Dios. El AT fue el tiempo de la promesa Evangelio; con Jesús ha comenzado el cumplimiento, pero ahora sólo es el comienzo…”[6]

Aunque se ha visto que el reino está ya establecido por la presencia misma de Jesús, también se ha dicho que existe una tensión que manifiesta que el reino aún no ha llegado. La consumación final del reino debe entenderse en sentido escatológico.  En los capítulos 24 y 25 de Mateo se encuentra el gran discurso escatológico de Cristo. “El discurso termina con una majestuosa escena del tribunal final de las naciones, en la cual se presenta a Jesús como Rey y Juez del universo.”[7] El discurso se da cuando se estaba acercando la muerte de Jesús, pero este evento no iba a culminar con la misión a la cual vino el mesías, sino por el contrario abriría el camino para su glorificación y triunfo final[8].
Es en la segunda venida de nuestro Señor que se podrá ver el inicio del fin, de la consumación del reino, el establecerse conforme al diseño de Dios. Tal como lo expresan
Aguirre y Rodríguez: “…en el futuro, que se consumará con la parusía de Jesús, será el «banquete con el vino nuevo» (14,25), la «salvación» (10,26), «vida eterna» (10,17.30), «herencia» (10,17), en cuanto que, por una parte, es esencialmente don…”[9]
Es allí donde disfrutaremos plenamente del reinado, de la gloria de Dios y del gobierno supremo y eterno de nuestro creador, ante esto retomamos lo dicho por Hoff:
El regreso de Cristo será el más impresionante suceso en la historia del mundo… Aparecerá Cristo en las nubes "con poder y gran gloria"… para los santos será la hora de la liberación y el triunfo. Estos "resplandecerán como el sol en el reino del Padre" (Mateo 13:24).[10]



[1] Giacomo Cassese. ”Jesús constructor de comunidad: de la ideología del templo a la praxis del reino de Dios Revista Apuntes 19, No. 3, (1999): 68-79
[2] Ernesto Trenchard, Introducción a Los Cuatro Evangelios: Tratado general sobre los cuatro evangelios que analiza la vida, pasión y muerte de Jesucristo (Grand Rapids, MI: Editorial Portavoz, 1999), 43
[3] Giacomo Cassese. ”Jesús constructor de comunidad:…”
[4] Giacomo Cassese. ”Jesús constructor de comunidad”
[5] Rafael Aguirre Monasterio y Antonio Rodríguez Carmona. Introducción al estudio de la Biblia: Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles. (Navarra, España: Editorial Verbo Divino, 1992), 68
[6] Rafael Aguirre Monasterio y Antonio Rodríguez Carmona. Introducción al estudio de la Biblia, 137
[7] Pablo Hoff, Se Hizo Hombre: La Fascinante Historia del Dios Hombre como se relata en los Evangelios Sinópticos (Miami, FL: Editorial Vida, 1990), 243
[8] Pablo Hoff, Se Hizo Hombre:, 243
[9] Rafael Aguirre Monasterio y Antonio Rodríguez Carmona. Introducción al estudio de la Biblia, 137
[10] [10] Pablo Hoff, Se Hizo Hombre:, 252

lunes, 6 de noviembre de 2017

Reino de Dios (1a Parte)

¿Qué es el reino de Dios?
            El reino de Dios a la luz de los evangelios lo podemos definir como algo presente (Mt 12:28, Lc 17:20-21) pero futuro (Mt 26:29 y Mc 14:25), como lo dicen Fee y Stuart algo que está «ya/pero todavía no»[1], por lo menos así logra entenderse a la luz de las parábolas y de las expresiones de Jesús mismo. Sin entender esta tensión no es posible entender el concepto pleno del Reino.
            El reino de Dios es presente desde el mismo momento en que Jesús se encarna, ya que el viene como el rey, el mesías y se requiere de un reino para que pueda gobernar. Lo podemos entender con Hoff cuando dice: “Es un reino que llega con Jesús, y que El viene a instituir. En un sentido, la persona de Jesús constituye el reino de Dios entre los hombres”[2]. Es a partir de esto que podemos entender el Reino como algo presente. Para Rene Padilla el reino
Es una nueva realidad que ha entrado en el curso de la historia y afecta la vida humana no sólo moral y espiritualmente, sino también física, psicológica, económica, social y políticamente. En anticipación de la consumación al final del tiempo, el Reino se ha historizado en Jesucristo.[3]

El doctor Craig A. Evans en una entrevista que le realizaron, cuando le pidieron que explicará a que se refiere el reino de Dios, respondió lo siguiente:
No es complicado si nos situamos en el contexto semítico: Jesús estaba proclamando básicamente el "gobierno de Dios." Él demostró que el gobierno de Dios se dejaba sentir verdaderamente en su ministerio a través de sanidades y exorcismos. Jesús dijo en Lucas 11:20, "Pero si expulso a los demonios por el dedo de Dios (es decir, el gobierno de Dios), eso significa que ha llegado a ustedes el reino de Dios."”[4]

Entonces vemos que el reino es el gobierno de Dios establecido en todas las esferas de la sociedad y las afecta directamente, pero sin ser un reino humano, por lo cual debemos hacer la claridad en el tipo de reino que se establece, puesto que los judíos tenían la expectativa de un mesías-rey que vendría a gobernarlos y librarlos de la opresión, es decir un reino político, de este mundo, natural, humano. En palabras de Trenchard “los judíos en general esperaban la manifestación de un Reino glorioso en la tierra al venir el Mesías, según las múltiples profecías que conocían tan bien.”[5] Pero lo que Jesús establece no es precisamente ese tipo de reinado sino uno que es mayor, superior y perfecto. Es el reino que empieza a proclamar él mismo en Marcos 1:15 “…diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.” (LBLA).
Entonces estamos hablando de un reino que es espiritual y eterno, que descendió del cielo en y con la persona de Cristo, para establecerse en el corazón de los hombres, según Hoff no es un reino que deba verse únicamente en sentido moral y espiritual, fuera de este mundo, sino que se refiere a la soberanía de Dios en el corazón humano. Así lo expresa el Padrenuestro: venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la Tierra. (Mt 6:10)[6] 
Según los evangelios por ser un reino que se establece en el corazón de los hombres, requiere por tanto ciertas disposiciones o condiciones de parte de los hombres que hacen parte del mismo, es someterse a la voluntad del rey. Pero para poder ser súbditos fieles, Dios establece algunos parámetros que se deben cumplir por los mismos: Ser sal y luz al mundo (Mt 5:13-16), es decir servir al reino establecido por Cristo y mostrarlo al mundo por medio del testimonio; Hacerse como niños para poder entrar en el mismo (Mt 19:14, Mc 10:15), desechando toda pretensión propia para entrar en dependencia plena con Dios.[7] No depender de las riquezas, ya que estas se convierten en un obstáculo (Mt 19:23, Mc 10:23-24), más bien en las bienaventuranzas hizo énfasis a la condición de ser pobres para ingresar en el Reino (Lc 6:20), solo por mencionar algunos de los parámetros. Lo que si queda claro es como dice Hoff: “No es fácil ser súbdito del Rey, pues uno tiene que humillarse, negarse a sí mismo y tener dominio propio”[8]
Además como todo reino se encontrará con dificultades o circunstancias que quieran impedir su establecimiento o crecimiento. Esto lo podemos apreciar en algunas de las parábolas como la de la cizaña. Ante esto Hoff dice: “Hay un adversario malévolo que siempre trabaja para estorbar la extensión del reino y estropear el trigo”[9] Pero afortunadamente quien gobierna este reino es todopoderoso y tiene el control del mismo. Y continúa en su afirmación de esta parábola diciendo “La cizaña representa hombres que "sirven de tropiezo a los hijos del reino" y "hacen iniquidad"(Mateo 13: 41).”[10]
            Hasta aquí se hizo un breve esbozo del reino presente entre los hombres, pero el mismo tiene una connotación hacia el futuro, de acuerdo a las mismas expresiones de Jesús en los evangelios: “En verdad os digo: Ya no beberé más del fruto de la vid hasta aquel día cuando lo beba nuevo en el reino de Dios” Marcos 14:25 (LBLA). Por eso podemos afirmar con Hoff  que “Aunque el reino de Dios llega en la persona de Jesús, y se desarrolla en lo presente, no se limita a esta edad. Tendrá una consumación futura.”[11]
Al leer Hechos 1:6-7 se puede ver que antes de la ascensión de Cristo ante la pregunta de restaurar el reino de Israel él les enseña que no ha llegado todavía el tiempo del establecimiento del Reino mesiánico anunciado por los profetas y que ellos estaban esperando, sino que ahora era el inicio de un tiempo de espera y vigilia.[12]
El reino de Dios se establecerá plenamente con la segunda venida de Cristo según lo vemos en 1 Corintios 15:24 “entonces vendrá el fin, cuando El [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder.” (LBLA) tal como lo dice Trenchard “Cristo ha de reinar hasta que todas las cosas sean puestas debajo de su pies…al inaugurarse la Nueva Creación en plena manifestación.”[13]



[1] Gordon Fee y Douglas Stuart, Lectura Eficaz De la Biblia. Versión PDF (Editorial vida), 132
[2] Pablo Hoff, Se Hizo Hombre: La Fascinante Historia del Dios Hombre como se relata en los Evangelios Sinópticos (Miami, FL: Editorial Vida, 1990), 99
[3] C. René Padilla. “El reino de Dios y la historia en la teología Latinoamericana” Cuadernos de teología 7, No.1 (1985): 5-12
[4] Lee Strobel, El caso del Jesús verdadero: Un periodista investiga los ataques recientes contra la identidad de Cristo. Trad. por Pedro L. Gómez Flores (Grand Rapids, MI: Editorial Vida, 2008), 23
[5] Ernesto Trenchard, Introducción a Los Cuatro Evangelios: Tratado general sobre los cuatro evangelios que analiza la vida, pasión y muerte de Jesucristo (Grand Rapids, MI: Editorial Portavoz, 1999), 43
[6] Pablo Hoff, Se Hizo Hombre, 99
[7] Ernesto Trenchard, Introducción a Los Cuatro Evangelios, 43
[8] Pablo Hoff, Se Hizo Hombre, 121
[9] Pablo Hoff, Se Hizo Hombre, 156
[10] Pablo Hoff, Se Hizo Hombre, 157
[11] Pablo Hoff, Se Hizo Hombre, 99
[12] Juan Franco Benedetto, El reino de Dios se instaura con la segunda venida de Jesucristo: Estudio sobre la Segunda Venida de Jesucristo a la tierra, o “Parusía” 2ª Ed. Recuperado de http://www.la-parusia-viene.com.ar/pdfs/LIBRO%20COMPLETO%202013.pdf. 16 último acceso octubre 16 de 2017
[13] Ernesto Trenchard, Introducción a Los Cuatro Evangelios, 135

Uso de las citas del A.T. en Mateo

Uso de las citas del A.T. en Mateo
            El evangelio de Mateo es el que más usos hace de citas del Antiguo Testamento puesto que les estaba escribiendo a judíos y tenía como propósito mostrar al Mesías. En el siguiente trabajo se expondrán dos pasajes del Nuevo Testamento, uno del nacimiento de Jesús y otro de su muerte, comparándolos con la cita respectiva en el A.T. para poder ver similitudes y/o diferencias entre las mismas de acuerdo al contexto en el cual fueron escritos dichos textos. Cabe recordar que cada autor (Tanto del A.T. como del N.T.) tenía una audiencia y un propósito a la hora de escribir lo que escribieron.
            Las citas bíblicas son tomadas del Biblia de las Américas (LBLA)
Citas del Nacimiento  
            En la descripción que presenta Mateo sobre el nacimiento de Jesús usa varias citas del Antiguo Testamento para poder evidenciar que Jesús realmente es el mesías esperado. Entre dichas citas se encuentra la de Isaías 7:14. A continuación se presentan tanto el pasaje de Mateo como el de Isaías.
Mateo 1:20-23. Pero mientras pensaba en esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo. 21 Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo: He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros.
            Este pasaje se da en el contexto donde el ángel le habla a José por medio de un sueño. Cabe recordar que María ya había recibido el anuncio que concebiría y daría a luz un hijo sin que mediara intervención humana. Ella estaba desposada con José y según la tradición judía el hecho que quedará en embarazo sin haber tenido contacto con su esposo, se consideraba adulterio y las consecuencias eran graves, ya que “Obedecer la ley significaría denunciarla, lo cual llevaría la sentencia de muerte por apedreamiento (Lev. 20:10; Deut. 22:23 ss.)”[1].  Pero José pretendía dejarla a escondidas para no perjudicarla. Es allí donde el ángel se le presenta a este varón y le da instrucciones acerca del hijo que tendría María. Es muy claro el mensaje que ese niño fue engendrado por el Espíritu Santo, lo cual daba señal de ser algo que provenía de lo alto, de Dios mismo. También se le indica a José el nombre que llevaría el niño al momento de nacer, con la implicación de lo que significa el mismo “salvador”.
Es el momento de la encarnación y el cumplimiento del tiempo del Mesías anunciado por los profetas.  Es ahí donde Mateo continua el mensaje usando a Isaías 7:14. Mateo con esto pretende asegurar que realmente este niño engendrado por el Espíritu Santo es el cumplimiento del Mesías esperado, tal como lo dice Hendriksen “Esta es la primera de una larga serie de profecías a las que Mateo se refiere con el fin de mostrar que Jesús es realmente el Mesías largamente esperado”[2].
Isaías 7:14.  Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.
Este pasaje de Isaías se da en tiempos del rey Acaz según vemos en Is.1:1. Se le anuncia al rey que Acaz que el rey de Siria y Peka hijo del rey de Israel vienen a combatir a Jerusalén con el propósito de tomársela y repartirla (Is 7:6) Pero el Señor por medio del profeta anuncia que esa conspiración no prevalecerá y que Dios les respaldará. También el profeta dice a Acaz que pidiera prueba, pero este no accede manifestando no querer tentar a Dios (7:11-12).
Entonces el profeta a raíz de la negativa del rey de pedir señal le reprende y le manifiesta que de todas maneras el Señor le dará señal, y es aquí donde nos encontramos con el pasaje que se está estudiando, Isaías 7:14.  Ahora queda la cuestión de saber si esta profecía estaba relacionada solamente con el tiempo de Acaz y el profeta, o solo con el tiempo del cumplimiento en Jesús o parcialmente en tiempos de Acaz y plenamente con la venida de Jesús. Ante esto son varias las posibilidades que se han interpretado a lo largo del tiempo tal como lo manifiesta Hendriksen[3] al referirse a las teorías de la doble referencia o solo una referencia, pero también a la terminología usada tanto por Isaías y la que tradujo Mateo.
Pero independiente de lo anterior creo que la profecía tiene un doble sentido, primero se dio un cumplimiento parcial en tiempos de Acaz, dada su incredulidad, y parece referirse a un hijo del profeta, ante esto tenemos que:
La evidencia más fuerte indica que ese niño fue un hijo de Isaías, y su madre, la joven esposa del profeta. Su nombre, Emanuel, significa “Dios está con nosotros.” Aquel niño, por su existencia y por su nombre, representaría la confirmación histórica para el pueblo de Judá y su rey, de que a pesar de tanta incredulidad, Dios realmente intervendría a favor de Judá: ... antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes a quienes tienes miedo será abandonada (v. 16).[4]
Pero a pesar de que tuvo el cumplimiento en tiempos de Acaz y del profeta, también podemos asegurar que el trasfondo de la profecía nos lleva a un tiempo posterior, eso es al tiempo del nacimiento mismo de Jesús, quien libraría al pueblo de manera definitiva, no en términos políticos sino espirituales. El Emanuel “Dios con nosotros” finalmente se cumple en la persona del Mesías de Jesús, porque al estar Dios en medio nuestro viene con el propósito de salvar a todo aquel que en él cree, en contraste con la actitud de Acaz.
Una de las diferencias más notorias entre estos dos pasaje tiene que ver con el término virgen, ya que varios autores manifiestan que el término usado en Isaías se refería más bien a una Doncella, no necesariamente que fuera virgen.

Cita del A.T. en la muerte y resurrección.
            Mateo 27:35. 35 Y habiéndole crucificado, se repartieron sus vestidos, echando suertes (Nota: Algunos mss. posteriores agregan: para que se cumpliera lo dicho por el profeta: Se repartieron mis vestiduras y sobre mi ropa echaron suertes).
            En este pasaje nos encontramos con la escena de la cruz, en la cual Jesús está siendo crucificado, pero en medio de esa trágica situación, los soldados deciden echar suertes sobre la ropa de Jesús. Pero eso era costumbre cuando crucificaban a cualquier persona, eso lo confirma Keener cuando dice que la ley romana permitía al pelotón que se apropiara de cualquier elemento pequeño que la persona ejecutada tuviera.[5]
            Como puede notarse por la nota que está entre paréntesis en la Biblia de las Américas no aparece la frase que usualmente Mateo usa para introducir que esto es para que se cumpliera lo dicho por el profeta, sin embargo y a pesar de que no estuviera (Aunque algunos manuscritos lo tienen) igual no le quita validez a la cita usada por Mateo.

            Salmo 22:18. Reparten mis vestidos entre sí, y sobre mi ropa echan suertes.
            Este Salmo escrito por David, nos muestra una escena muy difícil de una persona sufriendo, es un canto de lamento. Este versículo se encuentra en la sección de los vs. 2-22 que tratan de la angustia  por el abandono de Dios en que una persona se siente.[6] Para poder entender este pasaje debemos hacerlo dentro del contexto de todo el salmo, ya que la situación de acuerdo al v.14-15 el salmista se encontraba en medio de una enfermedad, y estaba ardiendo en fiebre, que lo lleva a sufrir los lamentos de la agonía[7] Esa agonía lo lleva al delirio para imaginarse la escena que vemos en vs 16-21. Es decir este acontecimiento no es algo literal sino producto de la fantasía propio de la situación que estaba viviendo.
            A diferencia de nuestro Señor Jesucristo que si padeció en carne propia tal situación.
El versículo 18 nos da indicio de algunas personas testigos del acontecimiento (imaginativo) Según Keener no hay evidencia alguna que existiera una tradición en el Antiguo Testamento donde los soldados vigilarán las ejecuciones, además el pasaje no deja ver que fueran los verdugos los que se repartan las ropas, pero si es probable que las prendas se repartieran posiblemente entre los mismos familiares.



[1] Daniel Carro, José Tomás Poe y Rubén O. Zorzoli. Eds., Comentario bíblico mundo hispano: Mateo. Tomo 14. (El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano, 1993), 48
[2] William Hendriksen. Comentarios al Nuevo testamento: El Evangelio según san Mateo. Trad. por Humberto Casanova. (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2007),  145
[3] William Hendriksen. Comentarios al Nuevo testamento, 147-150
[4] Daniel Carro, José Tomás Poe y Rubén O. Zorzoli. Eds., Comentario bíblico mundo hispano: Isaías. Tomo 10. (El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano, 1993), 70
[5] Craig S. Keneer, Comentario del contexto cultural de la Biblia Nuevo Testamento: El trasfondo cultural de cada versículo del Nuevo Testamento. Trad. por Nelda Bedford, et al. (El paso, Texas: Mundo Hispano, 2003), 123
[6] Hans-Joachim Kraus, Los Salmos: Sal 1-59 (Tomo I). Trad. por Constantino Ruíz-Garrido. (Salamanca, España: Ediciones Sígueme, 1993), versión PDF. 413
[7] Hans-Joachim Kraus, Los Salmos, 415